domingo, 23 de febrero de 2014

Nada

     Con el abrigo de piel sobre su regazo cansado, con su pipa en la boca saboreando rosas secas y la leña bailando con el fuego. Todas las noches de los tristes días de un hombre, sin importar que, escribía con su puño lo que su alma le guiaba en una libreta desgastada que encontró en un viejo baúl que descansaba en un hoyo en el suelo cuando en una oportunidad intentó suicidarse.

     Antes de terminar de escribir, él ya contaba las horas para tomar su bolígrafo y empezar una nueva pagina, estas ansias florecían por la amarga y amarescente rutina laboral esclava que se repetía como su canción favorita de Frank Sinatra que colocaba antes de salir y ser pisoteado por la gente, aturdido por las bocinas de los automóviles y asfixiado por el smog. Así volvía a su casa, pero tan sólo con tocar su libro, él ya estaba feliz, vaciaba sus emociones como un soldado sus municiones pero con el sentimiento inalcanzable como cuando una madre recibe en sus brazos a un hijo por primera vez. Así se sentía él, aunque sabia que todo lo que escribía en esas noches no iba a estar el día siguiente, las hojas de ese libro volvían a aparecer en blanco, al principio sintió que perdía el tiempo, pero se dio cuenta que al final del libro, en su amarillenta, marchita y ultima hoja, algo escrito decía: "Si mañana no está lo que solías sentir, yo estaré ahí para ti mientras estas líneas perduren en el tiempo".

    Ese era el motor de su vida, resucitó gracias a él y con gran convicción asimiló que le debía su vida, escribirle todas las noches al libro le hacia sentir que conservaba su vida y la de él. Sin importar que, sin importar nada, nada.

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