sábado, 21 de diciembre de 2013

Indefinido.

    Lo que dura un ramo de rosas, eso dura la alegría, o quizás menos, ella se va a donde duermen las moscas, donde viven los duendes o a donde no llega ni la luz. Tan lejos que se marcha, y sin embargo ahí siempre estará, en el iris de sus ojos, en los labios de su boca, en el color de su cabello, en la textura de sus manos, el dulce canto de su voz.

     Es la vacuna temporal contra la pandemia problemática que se vive a diario, es el cuidado paliativo ante esta enfermedad crónica que afecta día a día. Aunque la felicidad se vuelva a ir, quizá algún día de ella emane algo mas que la felicidad, quizá sea la paz y la verdad.

     Pero esperas encerrado, furioso, viendo el medio insípido y salvaje que la rodea, piensas en cosas prohibidas como en desear no haberla conocido y no tener que lidiar con estos malos sentimientos que ahora marchitan todo recuerdo que tocaba la memoria. La felicidad es sólo viento que espera encontrar en quien resguardarse, en esta oportunidad no estabas en condiciones, no hay una segunda oportunidad una vez que la dejas ir.

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